01 agosto 2013

A veces es demasiado tarde.

«Hola nena,
te preguntarás el por qué de esta carta, yo, que nunca he sido de palabras, supongo que porque siempre se me ha dado mal expresar lo que siento. Quizá por eso mismo yo esté escribiendo esto, y tú leyéndolo desde... Ni siquiera se donde estás. Pero ojalá fuera aquí, conmigo, como antes. Te echo de menos ¿sabes? Es tarde para decirlo, igual que es tarde para decir que te quiero, siempre lo he hecho. Nunca te lo he dicho, porque no había sido tan consciente como hasta ahora. Pero es demasiado tarde. Y ojalá pudiera volver atrás, ojalá pudiera compensar todas esas veces que pensé lo preciosa que estabas y no te lo dije. Tú te cabreabas y estabas tan irresistible, y yo solo discutía. Pero nunca te dije lo guapa que te ponías cuando te enfadabas. Ni lo bien que te quedaban esos vestidos, que ahora me doy cuenta de que te ponías solo para mi. Nada de eso fue suficiente. Y ojalá no hubiera sido tan gilipollas, y me hubiera dado cuenta antes. Pero no te escribo para hablarte de los errores que ya sabes que he cometido, se que hice las cosas mal. Porque tú te mereces a alguien que te diga cada día lo feliz que es por tenerte. Y yo nunca he sido así, probablemente ni siquiera llegue a serlo. Pero ahora solo me queda desearte que seas feliz con él, y se que lo eres. Hace días que no te veo, pero la última vez sonreías de una forma que me hizo ver que estabas mejor así, con alguien que sabe como quererte. Y pedirte perdón por todas esas veces que te he hecho llorar. Y leerás esto y seguirás pensando que he sido un cabrón, que soy un cabrón. Y tienes razón ¿sabes? Pero un cabrón que te va a querer siempre, nena, no lo olvides.»

No hay comentarios:

Publicar un comentario