17 agosto 2013

La chica del espejo roto.

Ella era fuerte, pero no tenía ganas. Valiente, pero sin nada por lo que luchar. Ella pedía a gritos que la salvaran y ellos tapaban los gritos con sus risas. Todos a lo que por un tiempo llamó amigos, incluso familia, le dieron la espalda. Estaba sola, sola, con ella misma, y eso la hacia más daño todavía. Cuando lo único que la quedaba la mataba aun más que todos esos mierdas, cuando quedarse a solas con sus pensamientos era peor que las palabras de cualquiera. Mirándose al espejo, llorando y odiando cada detalle, cada sombra. Murmurando, gritando, sola. Las palabras se le clavaban como dagas. Deseando que aquella persona que la miraba con los ojos rojos, llenos de ira desapareciera. Pero seguía ahí, parecía que se reía de ella, de su impotencia, de la rabia. Más gritos y el ruido del cristal rompiéndose en pedazos, todas sus imperfecciones divididas en pequeños trozos chocando contra el suelo. Rota, la chica del espejo estaba rota.

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